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Capítulo 9

(Angie)


 ¡Pii piipii pii!

Apagué el despertador, eran las 6.30 de la madrugada y aún podía quedarme cinco minutitos más en la cama y cuando me disponía a acurrucarme otro poquito mi móvil comenzó a vibrar, lo ignoré, seguro que era un whatsapp de alguien que aun no se ha acostado o de alguna de las chicas, pues poca gente más tenía mi teléfono. No soy tan popular como Seri o Laura, me cuesta mucho confiar en los demás... el móvil seguía vibrando, eso ya no era el whatsapp. 


_ ¿Si?_ contesté adormilada.

_ ¿Qué haces aún acostada? ¡No vas a llegar a clase!_ dijo al otro lado una voz de chico que me era tremendamente familiar. 

_ ¿Quién eres? ¿Es que no has visto que son las 6.30 de la mañana?_ le chillé al interlocutor. 

_ ¿De verdad que no sabes quién soy?_ dijo el chico en tono tristón. 

_ ¿Kixpo?_ me arriesgué, ¡pero no podía ser! Él no tenía mi teléfono que yo supiese...

_ ¡Bingo! Ya sabía yo que me reconocerías. Te espero en el portal y por la hora que es tienes unos 15 minutos para bajar y que nos de tiempo a tomar un café. Necesito hablar contigo. ¡Date prisa!

Mientras me duchaba por mi cabeza pasaban millones de razones por las cuales podría estar Kixpo en la puerta de mi casa, pero todas carecían de lógica alguna, pues de poco nos conocíamos, él era un amigo de Sergio y de las chicas y una de las pocas veces que habíamos hablado yo le había dado un bofetón. ¿A caso venía a disculparse por aquel beso robado? ¡Más le valía no hacerlo!

No sabía que ponerme y solo disponía de 5 minutos para arreglarme.  Vaqueros desgastado, deportivas, y mi sudadera favorita, pues a penas acababa de iniciar el otoño pero ya se notaba el frío por las mañanas. Un paroncito en el baño para recogerme el pelo en una coleta alta, un toque de brillo en los labios, y ¡lista!

_ Vaya, ¡si que eres rápida! _ dijo Kixpo sobresaltado cuando abrí la puerta del portal. _ Por  cierto, estás preciosa. _ dijo susurrando cerca de mi oído.

Caminamos durante unos 10 minutos calle abajo, a penas iniciaba el otoño pero ya hacía frío a esas horas y la llegada a la parada del autobús se hacía interminable, entre el frío que calaba hasta los huesos y el silencio incómodo que había, lo único que quería era salir corriendo de allí. ¿No había venido a hablar? ¿Qué quiere? ¿Por qué no habla?

_ ¿Qué te ha traído hasta la puerta de mi casa a las 6.30 de la mañana?_ le pregunté rompiendo el silencio.

_ Lo siento por lo del otro día, no sé que se me pasó por la cabeza. Estuvo totalmente fuera de lugar...

Y me lancé a su boca. No quería seguir escuchándole, solo deseaba volver a sentir sus labios junto a los míos. Nuestras lenguas inspeccionaban cada recoveco de nuestras bocas. ¿Cómo podía gustarme tanto?

_ Angie, yo creí que no te gustó que yo..._ dijo con voz entrecortada. 

Ni yo misma sabía qué me había pasado, ¿cómo hacérselo entender a él? Necesitaba tiempo para aclararme, realmente no sabía nada de él...

_ Angie... _ dijo dubitativo sacandome de mi mundo interior. 

_ Yo soy la que se tiene que disculpar, aun no sé por qué te abofeteé, y tampoco sé por qué te acabo de besar... porque se que no...

Y ahora era él el que se había adueñado de mi boca, me besaba con la misma pasión que la noche de la fiesta, con fiereza. Y de repente paró, tomó aire y comenzó a hablar:

_ Me gustas Angie, me gustas desde aquel día en que apareciste en el parque con Ari. Era la primera vez que te veía y ya sabía que eras especial, y por eso Sergio me invitó ese día a bajar al parque haciéndome creer que yo podría ayudarle con Ari. En ese momento no me di cuenta de lo que en realidad pretendían, era que nos conociésemos.

Pero eso yo ya lo sabía. Había guardado el secreto durante unos cuantos años, le prometí a Ari que no le diría a Sergio que sabía cual era el plan desde el primer momento. 

(Flashback)

_ ¡Angie, Ari está aquí!_ gritó mi madre desde la cocina.
_ ¡Ya salgo!_ respondí desde mi habitación.

Recorrí el largo pasillo que unía el comedor con el resto de las habitaciones de la casa, no recordaba haber quedado con nadie, dudé a medio camino si darme la vuelta y cambiarme, pero decidí que solo entraría al baño a recogerme un poco el pelo, y en cuanto estuvo la coleta perfectamente hecha, salí a recibir a mi amiga.
 _ ¿Qué haces en pijama a estas horas?_ preguntó Ari.

_ No tengo pensado salir, tengo que estudiar y hacer el trabajo de Latín, ¿no piensas hacer nada en todo el curso?_ le dije de mal humor.

No podía entender como una chica como Ariadna, que estaba repitiendo el curso, seguía sin ser capaz de esforzarse en otra cosa que no fuese estar con su novio. No era tan difícil coger los libros y sentarse a repasar cada día.

_ No tenemos tiempo para sermones. Angie, necesito que me acompañes a ver a Sergio, hoy hemos vuelto a discutir y la única razón por la cual ha accedido a quedar conmigo es porque quiere presentarte a un amigo suyo, le he dicho millones de veces que no me gusta para tí, que parece un chico solitario. Siento pedirte esto, si no te gusta no tienes que volver a verle, pero necesito que me acompañes, si aparezco sin ti..._ dijo al borde de las lágrimas.

Desde que éramos amigas, Ari y Sergio siempre estaban dejándose mutuamente, pero a los dos días se daban cuenta de que estaban locos el uno por el otro y volvían juntos, pero esta vez notaba algo diferente en ella; estaba realmente preocupada.

_ Está bien, te acompaño, pero solo un rato. Sabes que tengo que volver pronto a casa. _ le respondí sonriendo. _ ¿Qué me pongo? Tengo que impresionar a... ¿cómo has dicho que se llama?

_ No he dicho como se llama, llamémosle X. Y ahora déjame que busque algo decente que ponerte en el armario_ contestó Ari algo más animada.

Media hora después iba enfundada en unos pantalones color beige y una camiseta palabra de honor marrón que hacían juego con ella. Según Ari, tenía que estar arreglada pero informal. Habíamos pasado cerca de 15 minutos con el maquillaje y el peinado y el resultado fue espectacular. Esperaba impresionar a los chicos.

_ Necesito hacerte una última petición._ dijo mi amiga muy seria.

_ Cuenta con ello. _ le respondí.

_ Prométeme que nunca le contarás a Sergio que ya sabías que ibas a una cita a ciegas._ dijo uniendo las manos a modo de rezo.

_ Te lo prometo.

Cogimos el bus para llegar a nuestro lugar de reunión, llevábamos años reuniéndonos allí, todas las cosas importantes, todos nuestros secretos, todo, ocurría  en ese parque.

Según nos acercábamos podía ver a Sergio, parecía disfrutar de la compañía de su amigo, pues nunca le había visto reírse y conversar así con nadie. Pero mi vista se detuvo en su acompañante, no podía ver su cara, pues estaba de espaldas, pero me pareció el ser más atractivo que pisaba la capa de la tierra. Un chico de aproximadamente un metro ochenta, pelo moreno y piel tostada, lucía unos brazos fuertes llenos de tatuajes y su voz resultaba grave pero tranquila. Me estaba poniendo nerviosa y eso que no había visto su cara.

_ ¿Angie?_ me interrogó Ariadna.

_ ¿Vas en serio? ¿Cómo se le ha ocurrido a Sergio que este chico se fijaría en mí?_ respondí entre susurros.

Demasiado tarde para respuestas, nos acercábamos demasiado y podrían oírnos, pues yo a X le escuchaba a la perfección. 

Sergio nos vio y debió comunicárselo a su acompañante porque se dirigían hacia nosotras y si de espaldas me había parecido increible, no se como explicar  lo que me recorrió el cuerpo cuando le ví frente a mi. Una sonrisa perfecta y sus ojos oscuros me dejaron completamente fuera de juego.

_ El es Kixpo_ dijo Sergio. 

_ Ella es Angie _ se apresuró a decir Ari. 

Pero yo no podía articular palabra, estaba nerviosa, se aproximaba a darme dos besos y por accidente giré mi cara provocando que me diera uno de ellos en la comisura de la boca.

_ Lo-Lo-Lo siento yo..._ me disculpé. 

Y el comenzó a reírse, a reírse a carcajadas. 

(Fin Flashback)

Entramos en la cafetería que estaba al lado de la parada del autobús, como bien me había dicho me daría tiempo a tomar un café antes de irme a clase.

_ ¿No vas a decir nada?_ preguntó él nervioso.

_ Aún no sé qué decir, quiero decir, ¿es cierto todo eso?_ dije con una sonrisa de oreja a oreja; llevaba tiempo pensando en decirle lo que sentía por él, que me gustaba desde que le vi de espaldas hablando con Sergio el día que nos conocimos.

_ Siento no haberte dicho nada antes, Angie, yo no podía. El otro día en casa de Seri...siento haber sido tan brusco.

_ Yo también siento el guantazo que te dí. Me pilló por sorpresa._ le dije haciéndole un gesto de disculpa.

No dejaba de mirarme con una sonrisa de oreja a oreja, el camarero no traía los desayunos y yo me estaba debatiendo entre irme a clase o dejar pasar las primeras horas y así poder digerir bien lo que Kixpo acababa de decir o por qué no, quizás podría pasar el resto de la mañana con él.

_ ¿Tienes algo que hacer?_ le pregunté.

_ Debería ir a clase, pero si me propones algo mejor..._ dijo poniendo tono de misterio.

Desayunamos entre risas y salimos de la cafetería. No sabía como acabaría el día, pero jamás hubiese imaginado mejor forma de comenzarlo.

FIN

















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