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De paseo por Madrid 3: "Los jardines del Buen Retiro"


Hoy, un día de la semana cualquiera, tirada en casa me paro a pensar:

"¿Qué hacer en uno de los pocos días soleados que hace durante el invierno en Madrid?"

Una de las mejores propuestas es abrigarse un poquito y dar un paseo por uno de los parques más emblemáticos y bonitos del centro de la ciudad: "El Retiro."





Comenzaré con un poquito sobre la historia de estos jardines: 

El llamado Real Sitio del Buen Retiro fue una posesión real situada en la ciudad de Madrid. El complejo, una vasta extensión que incluía un palacio, un monasterio de monjes jerónimos, un teatro, y unos grandes jardines, fue uno de los epicentros de la Corte española.

Los jardines del Palacio del Buen Retiro fueron uno de los primeros parques públicos de Madrid. El Palacio Real fue uno de los más destacados de Europa hasta que fuera demolido a mediados del siglo XVIII. El conjunto de parques que se denomina "Buen Retiro" correspondía a un área superior en tamaño al actual, y comenzó su definición urbanística en la segunda mitad del siglo XV como área ajardinada reservada al entretenimiento y retiro de la Corte. Poco a poco fue cediendo terrenos y a finales del siglo XIX pasó a cargo del Ayuntamiento de Madrid. Posteriormente el Ensanche de Madrid hizo que el parque se viera rodeado por diversos barrios. En la actualidad es un lugar de paseo y una de las más frecuentadas zonas verdes de Madrid.

Tienen su origen entre los años 1630 y 1640, cuando el Conde-Duque de Olivares (Gaspar de Guzmán y Pimentel), valido de Felipe IV (1621–1665), le regaló al Rey unos terrenos que le habían sido cedidos por el duque de Fernán Núñez para el recreo de la Corte en torno al Monasterio de los Jerónimos de Madrid. Así, con la reforma del Cuarto Real que había junto al monasterio, se inició la construcción del Palacio del Buen Retiro. Contaba entonces con unas 145 hectáreas. 

A lo largo de la historia, el conjunto sufrió modificaciones, no siempre planificadas, que cambiaron la fisonomía del jardín, como el Parterre, diseñado durante el reinado de Felipe V (1700–1746), la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro en tiempos de Carlos III (1759–1788) o el Observatorio Astronómico, obra de Juan de Villanueva, reinando Carlos IV (1788–1808). El rey Carlos III fue el primero en permitir el acceso de los ciudadanos al recinto, siempre que cumpliesen con la condición de ir bien aseados y vestidos.

Durante la invasión francesa, en 1808, los jardines quedaron parcialmente destruidos al ser utilizados como fortificación por las tropas de Napoleón. El palacio fue casi totalmente destruido.

Tras la contienda, Fernando VII (1814–1833) inició su reconstrucción y abrió una parte del jardín al pueblo, como ya hiciera Carlos III. El monarca se reservó una zona, entre las calles de O'Donnell y Menéndez Pelayo, donde construyó una serie de edificios de recreo, siguiendo la moda paisajística de la época, que aún se conservan, como la Casita del Pescador, la Casa del Contrabandista y la Montaña artificial.
Reinando Isabel II (1833–1868) se abrió la calle de Granada, que más tarde se llamaría de Alfonso XII, vendiéndose al estado los terrenos comprendidos entre ésta y el Paseo del Prado que fueron urbanizados por particulares.

Tras la revolución de 1868, (la Gloriosa), los jardines pasan a ser propiedad municipal y sus puertas se abrieron a todos los ciudadanos, comenzando una época en la cual, la Ría grande y el Estanque de san Antonio de los Portugueses se transformaron en Paseo de Coches. Se colocaron las fuentes de los Galápagos y de la Alcachofa, erigiéndose también la fuente del Ángel Caído en lo que fueron terrenos de la Fábrica de Porcelanas, obra de Ricardo Bellver. En el Campo Grande se edificaron el Palacio de Cristal y el Palacio de Velázquez, obra de Ricardo Velázquez Bosco. En esta época, concretamente a finales del siglo XIX, transcurre la novela que Pío Baroja tituló Los Jardines del Buen Retiro, en la que se narra la vida de la capital en torno a este enclave.

Las últimas obras de ajardinamiento fueron las ejecutadas por el jardinero mayor Cecilio Rodríguez, que diseñó la rosaleda y los jardines que llevan su nombre.

El parque de El Retiro que conocemos en la actualidad está presidido por el monumento a Alfonso XII, situado en el emplazamiento en el que estaba el antiguo embarcadero de época de Felipe IV. El monumento fue encargado por la reina regente María Cristina y su construcción comenzó tras la subida al trono de Alfonso XIII. La obra, de José Grases Riera, consta de una gran columnata que rodea la estatua del monarca a lomos de su caballo. Completan el monumental conjunto una serie de alegorías a la patria, la libertad, la paz, los ejércitos y la marina. En él trabajaron los escultores más destacados del momento como Mariano Benlliure, Aniceto Marinas o Mateo Inurria.  


Palacio de Cristal: 



El Palacio de Cristal, junto con el lago artificial, fue levantado en 1887. Ambos nacen con vocación internacional, con motivo de la Exposición de las Islas Filipinas, donde se dieron a conocer flores diversas de ese lugar. Fue la respuesta española a los magníficos invernaderos ingleses, como la Palm House de los Kew Gardens. 

En la actualidad se exponen obras de arte moderno en su interior. 

Casón del Buen Retiro: 


Es uno de los dos únicos edificios que han sobrevivido a la destrucción del Palacio del Buen Retiro, del que toma su nombre.
Construido por Alonso Carbonell en 1637 fe diseñado inicialmente como un espacio para salón de baile de la Corte de Felipe IV.

Desde 1971 es uno de los edificios que conforman el Museo del Prado, y durante décadas ha albergado sus colecciones de pintura del siglo XIX.
El Casón, tras años de obras, se ha reabierto como Centro de Estudios del Museo en 2009, mientras que las colecciones del XIX se han reubicado en la sede principal del Prado gracias a la ampliación de Rafael Moneo.


Paseo de las estatuas: 


El Paseo de la Argentina es conocido como  Paseo de las Estatuas ya que está flanqueado por un gran número de estatuas dedicadas a los monarcas españoles. Fueron esculpidas para la decoración del Palacio Real de Madrid, durante el reinado de Fernando VI.


Fueron realizadas por varios autores, bajo la dirección de Juan Domingo Olivieri y Felipe de Castro. Se llegaron a colocar en la cornisa del Palacio Real, pero a la llegada de Carlos III a Madrid, se dio orden de retirarlas y por ello se colocaron en varios lugares de la ciudad.

Puerta de España: 


  La Puerta de España (1893) es obra de José Urioste y Velada (1850–1909), arquitecto y urbanista que acometió profundas reformas en Madrid, como el ensanche de la Gran Vía. Es la entrada a El Retiro desde la calle Alfonso XII, con una verja monumental diseñada por Agustín Felipe Peró. Tras cruzarla, el Paseo de la Argentina nos lleva hasta el estanque.



La Rosaleda: 


Este espacio se crea gracias al jardinero Mayor del Retiro, Cecilio Rodriguez, en 1915. Esta idea surgió tras la moda europea  de incluir rosaledas en sus parques, tras la Rosaleda de Bagatelle de París.
La rosaleda se diseñó sobre una base elíptica, limitada por setos recortados de arizónica, la forman una gran variedad de rosas traídas desde los más famosos jardines de Europa. Aunque quedaron totalmente destruidos en la Guerra Civil, en 1941 se plantaron 4.000 rosales. A pesar de su belleza falta una ordenación sistemática y un claro carácter expositivo de las distintas rosas que lo componen.


 Monumento a Alfonso XII

 















El monumento al rey Alfonso XII es un conjunto escultórico situado casi en el centro del parque del Retiro.

En 1902 se convocó un concurso nacional para construir un monumento al rey Alfonso XII, a iniciativa de la reina madre María Cristina. El ganador fue el arquitecto José Grases Riera con un grandioso proyecto en uno de los lados mayores del Estanque del Retiro, compuesto por una gran columnata con gran número de esculturas que rodearía a la estatua ecuestre del rey, inmediata al estanque, todo ello en bronce y mármol y fue inaugurado el 6 de junio de 1922.

Todo el conjunto mide 30 metros de alto, 86 metros de largo y 58 metros de ancho. Fue la primera estatua conmemorativa de las que durante el pasado siglo fueron poblando los jardines: obras como las de Benlliure, Clará y Mateo Inurria entre otros.

Monumento a Santiago Ramón y Cajal

 



El Monumento a Santiago Ramón y Cajal se encuentra en el Paseo de Venezuela y está realizado en piedra granítica y bronce. Fue inaugurado en el año 1926.
La concepción de su autor el escultor Victorio Macho es muy original. La estatua de Cajal se sitúa en el centro de un estanque, reclinado al modo de las figuras de sarcófago etruscas, con manto y el torso desnudo, como un héroe clásico. Cerrando el estanque a modo de testero o fachada, se dispone un edículo con una estatua femenina de bronce en el centro (La ciencia médica) y dos fuentes a los lados, decoradas con sendos relieves cuandrangulares. Representan la Fuente de la Vida (Fons Vitae, reza la inscripción) y la Fuente de la Muerte (Fons Mortis).

Fuente de la Alcachofa


Diseñada por Ventura Rodríguez y decorada con esculturas de Alfonso Giraldo Bergaz, que realizó los tritones y la sirena, y de Antonio Primo, que hizo los amorcillos y la alcachofa. Fue construida en 1781 y ubicada en las inmediaciones de la Puerta de Atocha, desde donde fue trasladada en el año 1880 por el arquitecto José Urioste y Velada a su actual emplazamiento en el ángulo sudoeste del estanque.
La fuente está realizada en piedra caliza, siendo la alcachofa de granito. Consta la fuente de dos cuerpos, el inferior con tritones sosteniendo el escudo de Madrid y el superior con cuatro putti y encima la alcachofa que le da nombre, todo ello en el centro de un pilón circular.
Tras la reforma de la Glorieta de Atocha se ha colocado en ella una reproducción en bronce de la original.


Fuente del Ángel Caído


 En la plaza del mismo nombre se erige desde 1885 la Fuente del Ángel Caído. Consta de una escultura realizada por el madrileño Ricardo Bellver en 1877 (y fundida en bronce al año siguiente) e inspirada en unos versos de El paraíso perdido (1667) de Milton, y un pedestal de granito, bronce y piedra diseñado por el arquitecto Francisco Jareño. En su parte inferior, los caños por los que mana el agua representan caras de seres infernales.

 



   
Casita del Pescador

 

La Casita del Pescador es una pequeña edificación recreativa situada en el ángulo noreste de los jardines. Fue levantada durante el reinado de Fernando VII a modo de capricho como los del Palacio Real de Aranjuez.


Montaña artificial

 


La montaña artificial, que se llamaba montaña artificial de los gatos, fue realizada en 1815 por orden de Fernando VII, junto con otras notables mejoras.

 

Casa de Fieras

 
La Casa de Fieras (zoológico), creada por Fernando VII y mejorada por Isabel II estuvo en lo que hoy son los jardines de Herrero de Palacios hasta 1972, año en que se trasladó a la Casa de Campo de Madrid.


Espero que os haya gustado la entrada y sobre todo que vayais a verlo, ya no solo por ver las increibles fuentes y la magnificiencia del Palacio de Cristal, sino para hacer deporte o relajarte escuchando música o leyendo tumbados en su césped...o a primeros de junio para ir a la Feria del Libro o simplementes como empezaba la entrada para desconectar un rato. Os dejo su horario.

Muchas gracias por llegar hasta aquí.
 Horario de visita: 

Otoño/Invierno: nov.-abr. 06.00 a las 22.00 
Primavera/Verano: mayo-oct. 06.00 a las 24.00
















  



2 comentarios:

Ivannova dijo...

Si algún día se me llega a dar la oportunidad de viajar a Madrid me pasaré por esos lugares que se ven preciosos!!

Besos

rumboso2 dijo...

Muy bueno y didáctico trabajo. Gracias por compartirlo. Un saludo. Juan

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